Marcelo Ortega, periodista

Páginas vistas la semana pasada

lunes, julio 13

UNA FLOR DE PLÁSTICO


De todas las últimas canciones de Javier Krahe me gustaban muchas, aunque a lo largo de los años haya ido dejando tantas y tan buenas. Todo el mundo se acuerda de ‘La Mandrágora’, pero quienes conocimos al tío Javier en los conciertos del Central siempre nos pareció su mejor disco el primero de los directos allí grabado, ese ‘Cábalas y cicatrices’ de principios de siglo (XXI), donde todo el repertorio era un ejemplo de hasta dónde se puede rimar, imaginar e inventar con música muy cuidada de fondo. En las navidades del año de ese disco, 2002, fue cuando nos acercamos por primera vez al pequeño café de la plaza del Ángel. Como llegamos con tiempo a Madrid y la garganta se nos secaba, cuando llegó la hora del recital estábamos más que contentos. Los músicos y el público lo pudieron comprobar bien: Cantábamos a coro y a voz en grito como si el concierto lo dieran en Las Ventas.
Con los conciertos de Krahe siempre tenías a mano al artista. Le saludabas antes y después, te hacías las fotos de rigor. Le dabas la tabarra, en mayor o menor grado, dependiendo de la alcoholemia previa que tuvieras encima. Aquella primera vez nos aguantó educadamente, pese a que le habíamos dado la noche (otros músicos así nos lo dijeron, con peores modos, pero con la misma razón). Lo más parecido a una queja de Krahe fue decir que no deberíamos haber llegado a los bares con tanta antelación. Vaya que no.
Desde aquella primera vez volvimos muchas veces, siempre en Navidad, a ver a Javier Krahe y toda su banda, como se anunciaba en el clásico letrero con rotulador rojo y azul. De aquella vez y de otras cuantas también falta ahora Jimmy Ríos, percusionista, fallecido el año pasado. Con gente diferente, pero con la misma ilusión, la cita en Navidad y en el Central no faltó desde entonces casi ningún año. Si había suerte, y si no tenía otros compromisos, el artista acababa charlando en la barra contigo. Nos pasó dos veces con un mayor minutaje, con conversaciones que hoy me gustaría recordar mejor, pero la bebida hace estragos. Una vez casi lo acompañamos hacia su casa, pero preferimos dejar a Krahe en compañía de un tipo pelma que no se separaba de él pese a que lo conocía solo de esa noche: «Es un psiquiatra, pero un psiquiatra que necesita ayuda», nos dijo Javier. Yo tenía envidia de otros seguidores que habían hecho amistad con el artista, y que parecían tener confianza para preguntarle por los asuntos cotidianos. Muchos eran más jóvenes que yo, y esa relación cordial la habían forjado a base de estar en los conciertos una y otra vez, de estar en la barra al terminar, y rezar, como hacíamos nosotros, para que el maestro se viniera a saludarte y compartir contigo su whisky con agua y el purito (cuando aún le dejaban fumar dentro). Muchos podrán escribir hoy su particular experiencia personal con este escritor, cantante. Lo que fuera.
Que se muera Javier Krahe, que se muriera hace solo unas horas, ha sido una sorpresa. Se murió junto a la playa, que tanto quería, pese a lo madrileño que era, y yo me enteré junto a la playa. Sólo unos días antes, yo me acordaba de su canción ‘Días de playa’, porque siempre se me viene a la cabeza contemplando el mar, «una redundancia». Después de todo, creo que no ha sido un mal final. Alguien ya lo ha escrito, es difícil imaginarse a Krahe retirado, envejeciendo hasta el punto de tener que decir «lo dejo», aunque disfrutara tanto del dolce far`niente y supiera disfrutar de la vida viviendo de su trabajo, lejos de modas, con su habitual camisa blanca, la barba amarilla, y ese tic del bigote que advertías viéndole de cerca. No habrá próxima vez, como la parca le decía a su personaje, el tío Marcial, cuando iba a buscarlo. Aquella canción de cuando yo nací decía que el hombre, intentando trascender, se empeñó en dejar «un libro, un hijo y un árbol» a su paso por el mundo, pero este mundo de obstáculos le hizo un desencantado, y el tío Marcial decidió que si vivía otra vida dejaría «un borrego, una fotonovela, y una flor de plástico». Visto hoy, no es tan mal legado. Salud.