Marcelo Ortega, periodista

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sábado, febrero 27

EL CAMBALACHE DE LA UCLM

Señor rector nuestro de la universidad regional: Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé. Disculpe el inicio tanguero de esta misiva lanzada sólo a los lectores, pero presiento que le gustan los aires porteños, la melodía de arrabal, y en concreto este Cambalache manido cuya letra habla de todos nosotros. En particular, le recuerdo aquello de «todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor». Algo así entendemos los de mi profesión que ha debido motivar el gesto de la universidad que dirige: quiere sacar una oferta de empleo público con tres plazas de periodista sin exigir a los candidatos que tengan la licenciatura correspondiente. Qué falta de respeto, qué atropello a la razón, rector ilustre, distinguido señor. Aquí un servidor y su gremio se han visto un tanto violentados por esta paradoja digna de salir en los discursos de apertura del año académico: la universidad que se hacía la contra ella solita. Los humanistas que renegaban del Humanismo. Los promotores de licenciaturas que castigaban a sus egresados. Con ese compadreo que contagia el tango, rector nuestro, pido que reflexione sobre las incoherencias, esas que por Albacete se atribuyen últimamente a su Rectorado a la hora de poner nombre a las escuelas transformadas en facultades. Viene al caso decirlo, rector, porque en esta ocasión la ocurrencia de las plazas de periodistas al alcance de los no licenciados también ha abierto el debate de los nombres: Unos lo llaman putada, otros cachondeo. Yo no le pongo nombre, lo dejo para los filólogos, titulados, eso sí. La verdad, con este desprecio al papel de las universidades a manos de una universidad pública, más valdría ahorrarse la Facultad de Periodismo que se está poniendo en Cuenca, y hacer un parque acuático donde ir a pasar el fin de semana. Pero no voy a dar ideas a nadie. Sólo califique usted mismo sus decisiones, y defiéndalas, porque hasta ahora la carta que le envió la Federación de Periodistas respecto a la oferta de empleo público debe de estar en su lista de cosas pendientes de contestar. A tiempo está de enmendarse y corregir la parida, don Ernesto. La profesión del plumilla, que siempre tuvo la frente marchita, le pide ese gesto de apoyo.


Publicado en La Tribuna de Albacete el 27-2-2010

lunes, febrero 22

TOMA PEINETA

La libertad de expresión existe, tanto para insultar a quien fue presidente del país como para levantar el dedo ante la muchedumbre. Persona curiosa, Aznar, capaz de generar comentarios sin mover el bigote. Como los emperadores, basta con que mueva un dedo -y cierre todos los demás- para que el mundo hable de él. Existe la teoría de que la derecha está llena de acomplejados. Una respuesta como la del ímprobo ex presidente es sinónimo de narcisismo. José María siempre pecó de ególatra. Hasta arrinconó al Rey durante su mandato, con tal de no perder cuota de pantalla. En ese empeño por ser portada, José María tiene su mejor discípulo en Esperanza Aguirre, protagonista siempre porque quiere, con voluntad de ser noticia, salvo aquella vez en que el helicóptero no pudo soportar la carga que llevaba. Accidentes aparte, Aguirre también sabe ser mediática, aun a costa de hacer la puñeta en directo a sus compañeros de partido. Hace tiempo que a Aguirre le da igual, sabe que la plana popular pone el voto aunque vea a sus dirigentes ponerse cepos para que el de al lado se quede debajo en la escalada. Nada que objetar. Esa es al fin y al cabo la enseñanza del reformista Aznar, siempre dispuesto a cubrir sus vergüenzas morales con la bandera de España, siempre dispuesto a llamar al orgullo de la militancia, del pin, de la democracia entendida al popular modo. Fuera complejos, intenta transmitir el acomplejado. Es tal su convicción liberal que asume que sus órdenes causaron muertos, dolor, devastación, pero sabe poner peinetas a quien, sin sentido de Estado, reclama que una persona pague por las consecuencias de lo que hace. La peineta de Aznar es la peineta a la discrepancia. Es la peineta de quien está muy orgulloso de ser como es, y de haber hecho lo que hizo. Todavía recuerdo cómo se reían los diputados populares cuando se aprobó el envío de tropas a Irak. Mandaban soldados a morir y matar con aplausos, con vítores para los discursos de los suyos. Esa desnudez moral exhibida en la cámara también la cubrieron siempre con la bandera, pero en eso Aznar supo aprender, y rápido, del hermano americano. Aún hoy se muestra satisfecho de ser cómplice de los bárbaros. Frente a eso, levantar el dedo es una falta menor. Toma peineta.
Publicado en La Tribuna de Albacete el 20-2-2010