Marcelo Ortega, periodista

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viernes, marzo 2

LAS VIGAS

Alberto López Aroca es un amigo que entre muchos favores literarios tiene el haberme recordado que lo mejor de El Halcón Maltés no sale en la película de Bogart, y sí en la obra de Dashiell Hammett. Es una historia que cuenta Sam Spade sobre un caso que investigó: la desaparición de un hombre, alguien corriente, con buen trabajo, con esposa, buena casa... El hombre desaparece sin más. Spade le encuentra finalmente viviendo con otra identidad, en otra ciudad. El hombre había decidido cambiar de vida porque un día, caminando hacia el trabajo, pasó por un edificio en construcción y una gran viga cayó a su lado. Medio metro más y habría muerto. Sam Spade cuenta que el hombre comprendió entonces que la vida no es esa sucesión ordenada y racional en la que intentamos convertirla. En cualquier momento una viga te cae y se acabó. Así puede ocurrir, aunque uno se haga sus planes. 
Recuerdo esta escena porque hemos llegado a un momento social en el que muchos han descubierto la misma eventualidad de sus vidas. Las vigas caen de muchas maneras. Hay pocas formas de estar seguro se esté donde se esté, socialmente hablando.  Concretando más el símil, es el camino laboral y profesional el que más complicado se ha hecho de andar. Con la ley en la mano -la nueva ley- el trabajo indefinido vale poco. Tener uno pensando que se tiene seguridad es lo mismo que agarrarse a las orejas cuando uno se despeña por un barranco. Como los tiempos no serán mejores si las ideas que rigen nuestros gobiernos se mantienen, es normal que la contestación ciudadana vaya a más. Si hay algo sin lo que no podemos vivir es la seguridad, lo que da el dinero, por ejemplo. Ahora que las vigas caen sin cesar, y que este gobierno adelgaza a marchas forzadas los sistemas de rescate de los heridos (salud, educación, gasto social) se puede pensar en serio en otra gran emigración. Se acabó lo de «los españoles primero». Tocará pedir, rogar, dar gracias. El hombre al que encontró Sam Spade estaba en otra ciudad, con otra mujer, otro trabajo. En su huida de lo racional acabó aferrándose a la única misma cosa: Seguridad. No sé dónde habrá refugio para tanto paria como empieza a campar por la madre patria, pero empieza a ser hora de que lo de antisistema deje de ser un insulto. Digo yo.