Marcelo Ortega, periodista

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miércoles, mayo 27

CONVENCER POR SIGNOS




Se acabaron los tiempos en los que el político estaba solo ante el público de cada mitin. Es verdad, a veces los partidos colocan detrás a sus juventudes, o a sus nuevas generaciones, pero la sentencia viene a colación por las figuras que están al otro lado del escenario. De negro, moviéndose, traduciendo al lenguaje de signos cada palabra, cada modulación del discurso del candidato o candidata. Así trabajan los intérpretes que hacen que los mensajes de estos días de campaña electoral lleguen a todos, también a las personas sordas. Un trabajo aún poco conocido, pese a que la lengua de signos es por ley un lenguaje más.
Convertir a los gestos conceptos como democracia, ciudadanos, votos o recortes tiene detrás a personas muy preparadas cuya presencia en los mítines tiene que ver con el servicio de interpretación de la Federación de Personas Sordas de Castilla-La Mancha. Su coordinadora, Mari Carmen Castro, explica que muchos de estos intérpretes son los que dan el servicio de acompañar a usuarios que necesitan su ayuda para hacer cualquier trámite en su vida diaria: «Ir al banco, presentar un documento, la renta… En la federación tiene siete intérpretes, pero ahora también tenemos que contar con intérpretes de una bolsa, y por zonas, según donde sean los actos». La coordinadora indicaba que en campaña y también en otros momentos «el PSOE siempre ha contado con nosotros para los actos; otros partidos también llaman para actos puntuales». Los intérpretes son cada vez más presentes, aseguraba: «Se viene haciendo más desde que se aprobó la ley que reconoce la lengua de signos como una lengua más».
María Lobato es una de esas intérpretes, con ocho años de experiencia. Explica su trabajo después del mitin de Emiliano García-Page en Illescas, señalando que contar signando lo que dice un político es muy diferente de hacer la traducción de otros textos: «Me encanta hacer estos actos, los políticos hablan muchas veces con circunloquios, metáforas… Eso te hace tener que saber explicarlo. Además, no solo vas signando, tienes que traducir con todo el cuerpo. Si el que habla es tajante, tú también tienes que serlo». Esta intérprete comentaba que le lengua de signos también implica no dejar nada por omitido: «Tienes que saber cosas de la actualidad, porque a veces debes añadir información. Por ejemplo, si Page alude a 'lo que ha pasado a Susana Díaz', tengo que explicar eso; si no, para una persona sorda eso queda muy pobre».

Dividir la mente
Expresividad, conocimiento de los temas que se tratan, y también mucha concentración son ingredientes que se necesitan para que el discurso del candidato llegue en todo detalle a quien no puede escucharlo, comenta María: «Es muy enriquecedor, pero requiere mucha concentración, por eso también terminas agotado. Tienes que dividir la mente en dos, por un lado escuchas, y por el otro haces los signos, no sólo con las manos. A veces tienes que detenerte en explicar algo y mientras sigues escuchando para no dejarte nada». Esta forma de trabajar requiere técnica, aunque asegura que con la experiencia todo se automatiza: «Yo ya no me dejo ni una palabra sin hacer; a lo primero cuesta más. Necesitas mucha rapidez mental para ser fiel al discurso, y eso requiere también conocer la actualidad, saber de qué se está hablando».
El final del mitin es el momento de percibir el cansancio, comenta María: «Mientras signas no lo notas, como cuando haces un examen de tres horas, y es al terminar cuando llega la fatiga». La recompensa, en cualquier caso, también llega: «Las personas sordas quedan muy agradecidas por ir a un acto y poder entenderlo todo». Escuchar sin poder escuchar.

lunes, mayo 25

'TIRANDO, TIRANDO', crónica de una campaña electoral

15 días son muchos días, salvo cuando son de vacaciones. 15 días, pasando más de 15 horas viajando con un autobús siguiendo a un candidato a presidente, también puede ser mucho tiempo, aunque la intensa agenda te haga imitar el ritmo y adaptarte a pensar rápido, esquivar lo manido del discurso y elegir las claves, encomendarte a la patrona de la WIFI y los santos que hacen funcionar a ordenadores, móviles y grabadoras, para después escribir en la pequeña pantalla en el asiento del autobús, pensando en cómo resumir todo a la vez que sujetas el portátil para que no salga volando y lanzas maldiciones a quien inventó los badenes, las rotondas, los infames guardas tumbados.


Para nosotros la campaña ha sido toda una novedad. Bajamos Del autobús por primera vez en Guadalajara, y hemos tenido la despedida en Salobre, a muchos kilómetros de distancia. Valga la experiencia al menos para darte cuenta de que sí, Castilla-La Mancha es muy grande. Tan grande que de memoria es imposible recordar todas las paradas que la caravana socialista ha hecho. Tan grande como la humanidad que descubres en quien te acompaña, reporteros entregados, mucho más válidos que lo que pone en sus nóminas. Con ellos compartes muchos cafés, bocadillos liados en papel de aluminio pasada la medianoche por carreteras secundarias que no sabías que existían. Luego está hablar con mucha, mucha gente, conocer sus historias, sus quejas porque no hay sillas de ruedas en los hospitales, porque el autobús ya no va de Marchamalo a Guadalajara capital, o porque el sobrino está buscándose la vida en una ciudad de la que su tío no recuerda el nombre: «Es un sitio de Alemania, vaya». A todos hay que escucharles, como si fuéramos también candidatos, como si tuviéramos alguna solución en la libreta, rellena de apuntes. Hasta escuchamos cantar al otro protagonista de esta caravana, Ismael ‘el Bisbal de Malagón’, el mejor ejemplo de que esta campaña no se parece a ninguna, sobre todo porque ya funcionan, y mucho, las redes sociales: De estar con nosotros en su pueblo pasó a estar esa noche en los programas nacionales de televisión, y luego ser noticia hasta en Perú. Nunca un candidato a la Junta llevó su nombre más lejos.
De la caravana guardaremos el recuerdo de leer el horóscopo cada mañana en el micrófono del autobús, también el del conductor, que era Libra, y atentos a lo que los astros decían de Géminis y Sagitario, los signos de García-Page y Cospedal, por si ahí había alguna pista acerca del resultado de mañana. También se nos quedará dentro el soniquete del himno socialista, sonando una y otra vez. Al colectivo de reporteros nos ha gustado en particular la versión jazzística, con swing, crepuscular, esa que hace que parezca que el candidato va a llegar con una gabardina y un sombrero a lo Bogart, para luego pedir un whisky en la barra. Sí, correr de un sitio para otro para contar qué hace y dice un candidato también da para ocurrencias. Y para pasar malos ratos, o muy malos, como cuando la cámara de fotos dijo ‘hasta siempre’ (en Ciudad Real, descanse en paz), y sobre todo cuando hubo que mover carros y carretas para hacer la entrevista a Emiliano García-Page: Después de casi ponernos a llorar, hicimos la entrevista en un restaurante de Santa Olalla, debajo de varias cabezas de toro, mientras nos bebíamos un tinto de verano. Faltaban sólo cuatro horas para que tuviera que estar en la rotativa.
Después de la ‘entrevista como puedas’ ya no tuvimos más crisis. Cualquier cosa comparada a esa mala tarde tiene que ser mejor para un periodista y un fotógrafo. Trabajamos rápido, pero esa tarde fue trabajar en la cuerda floja. También de eso se aprende. Dice Page que él estaría 15 días más de campaña, otras dos semanas escuchando aquello de «tirando, tirando, y sin tirar nada» que le decía su abuela, y que quizá sea una frase que acabe impresa en una camiseta. 15 días son muchos días, pero si nos proponen seguir en ruta diríamos que sí. Lo único, que nos deje descansar hasta el lunes.

Publicado en las ediciones de 'La Tribuna' de Castilla-La Mancha el 23 de mayo de 2015