Marcelo Ortega, periodista

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viernes, agosto 31

EL PLENO

A pesar de mi oficio no suelo estar presente en los Plenos del Ayuntamiento, otras personas pasan por ese trago, pero el de esta semana le tocó a un servidor, y aunque ya había pasado por la experiencia de estar más de cinco horas siguiendo una sesión plenaria (en la anterior Corporación), confieso que el asombro y la novedad de la mañana del jueves tardará tiempo en borrarse de mi memoria. Sé que cuesta, y que no es fácil tener la mañana libre para ir a ver en qué andan los ediles, pero recomiendo a todo vecino acudir alguna vez a este ejemplo de política en vivo. De verdad, no soy de los que castigan a todos los que trabajan en política con aquello de «son todos iguales», pero viendo cosas tan poco edificantes como las que estos ojos vieron, la tentación de mandarlos a todos a espigar es grande. Como espectador, la nota más negativa hay que ponérsela a la alcaldesa, incapaz de abandonar el papel de concejala hooligan, participando en las broncas (cuando no comenzándolas), haciendo gestos burlones mientras hablaba alguien de la oposición, o directamente llamando por teléfono y girando la silla, quedando casi de espaldas al público, mientras  el concejal que tenía la palabra intentaba ser escuchado. Repito, no hay por qué hacer de la excepción la norma, pero viendo estas cosas de patio de colegio es más fácil comprender que la tropa se eche al monte y termine por meter a todo quisque en el mismo saco político. No hay clase política, sino políticos de muchas clases, oí decir estos días, y es verdad, pero a algunos no les duelen prendas poner en la picota a unos y otros. De hecho, para la cabalgata de Feria hay quien prepara un abucheo multitudinario a la comitiva municipal. La movida está apareciendo por Facebook, y como todos los que han dicho que irán se presenten, desde luego se podrá armar buen follón. Pase lo que pase, seguro que los concejales sabrán estar en su papel y responder mejor que el edil almanseño Antonio López, que esta semana ante los pitidos a su paso respondió elevando el dedo de la peineta.
Termino con la nota de humor de la semana, a modo de postdata: la Internacional Socialista mantiene al griego Papandreu de presidente, y de vicepresidente eligen a Alfredo Pérez Rubalcaba. Pueblos del mundo, echaos a temblar, pero ya mismo.

domingo, agosto 26

CUMPLIR LA LEY


Hay mucho que escribir por estos días. Cómo no lo va a haber, con este verano tan poco veraniego, en el que el flujo de noticias ha estado tan por encima de la media. Me ha costado ponerme a opinar algo sobre las hazañas del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), la única noticia que hizo al Gobierno poner en acción a dos de sus ministros, como si fuera la fin del mundo; cuántos hubieran querido ver al ministro de Justicia ponerse a defender con el mismo ímpetu a los miles de ciudadanos engañados con las participaciones preferentes. Bien hubieran podido dar un castigo ejemplar a la canallada bancaria, una buena multa, unos meses de cárcel... Total, si luego el Gobierno los indulta, les devuelve el trabuco y las alforjas, y los promociona para que continúen haciendo el buitre. Pero no, no era el caso, el Sindicato Andaluz de Trabajadores  tuvo la osadía de cruzar una línea roja: la de la propiedad privada. Cuando alguien abusa de la propiedad pública construyendo un chalet donde no se puede, o vallando un camino por el que pueden pasar ustedes o yo cuando queramos, la reacción de los poderes públicos es más bien tibia. Cuando el susodicho tiene dinero y amigos, no digamos, hace el chalet y lo hace un burdel con luces, como el americano del megacasino, ese que tan amigo es de los amigos de la ley (aunque le vaya el FBI detrás). Son paradojas de los que mandan, tan dados a tratarnos como idiotas como a poner a funcionar toda la maquinaria ideológica, y es difícil resistirse a pensamientos inocentes, como que de seguir por la senda de los sindicalistas esto sería el Far West. Pero esto ya es el Lejano Oeste, hay que aguantar ladrones encorbatados a todas horas tomándose el carajillo con el ministro, un ministro capaz de invitar a la redención delictiva de esta forma: «¿Que usted se llevó las inversiones a Dios sepa dónde para no contribuir a los impuestos españoles? Pues vuelva, hombre, que en vez de pagar un 51% de tributos le dejaremos pagar un 10% de lo que dice que nos birló, y aún nos fumaremos un puro (dentro del bar, que a mí me dejan) en agradecimiento a su patriotismo». Mientras se fuman el puro, en la calle, los antidisturbios harán cumplir la ley, sacrosanta cosa que nadie puede burlar en una democracia moderna como la nuestra.