Marcelo Ortega, periodista

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sábado, octubre 8

OTRO DERECHAZO

José Luis Rodríguez Zapatero se despide haciendo méritos para que en el Partido Popular le hagan un hueco entre sus más destacados aliados. Ha hecho todo para que la llegada de Mariano Rajoy a la Moncloa sea lo más cómoda posible. De la mano de los conservadores y anticipándose a ellos, ha tomado ya las decisiones menos comprensibles para la ciudadanía, y le ha evitado al PP las esperadas pérdidas de apoyo. Pensiones, funcionarios, reforma laboral... El último derechazo de este púgil tan derechón tiene que ver con la presencia de instalaciones militares norteamericanas en la península. Con lo que le queda en el convento, al presidente se la trae floja que se le eche encima de nuevo esa masa social que consiguió movilizar en 2004, a costa precisamente del papel de perrillo faldero que Aznar había jugado con los amigos yankis. Zapatero se lanza ahora a ser mejor perrillo que Josemari. Sumiso, simpático, obediente. Para mayor vergüenza de ideario socialista, se justifica diciendo que tener en Rota la mayor base naval del escudo antimisiles de la OTAN creará un millar de puestos de trabajo. Ojo, no lo dice el tonto del pueblo, sino el presidente del Gobierno. Los amigos militares del tratado Atlántico Norte deben frotarse las manos. Ignorantes de la política como son, pensarán que si esto lo hace el dirigente progresista qué no hará por ellos el futuro gobierno conservador. Podemos esperar cualquier cosa. Algunos han recordado con buen tino que en el referéndum donde apoyamos quedarnos en la OTAN también se aprobó «la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España». Como tantas otras cosas, para estos demócratas tan demócratas se trata de la letra pequeña que no hay que cumplir. Ellos ya han cumplido con quien hay que cumplir, que no somos usted y yo. Así que alegrémonos, como dice nuestro presidente. Habrá 1.000 puestos de trabajo más en España. A cambio seguiremos viendo en las noticias de cada día cómo los gloriosos mandos de la OTAN acumulan daños colaterales. La cuenta supera ya los varios miles de civiles muertos. Pero ocurre en países lejanos, donde no entienden de política internacional ni de la oportunidad económica del gasto militar. Zapatero sí lo entiende. Los votantes de su partido, tal vez no.