Marcelo Ortega, periodista

Vistas de página la semana pasada

jueves, mayo 20

ITALIA COMO METÁFORA

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Quienes me conocen saben de mi afición por Italia y sus orillas, lugares reales y abstractos donde siempre encuentra uno motivos para reir y llorar. De mis tiempos en aquél país me queda mucho, aunque uno tenga la sensación de que de una etapa anterior ya no le queda casi nada. No es cierto. Pervive por ejemplo esa propensión a estirar las orejas cuando alguien escribe de "lo italiano". Y en esta afición encontré un día el blog de Íñigo Domínguez, corresponsal en Roma. En lo efímero de pasar por algunas bitácoras hay excepciones. Hay blogs donde uno lee y lee, y sigue bajando para leer más. Íñigo Domínguez lo consigue, escribiendo de la Italia más auténtica y real, escribiendo, asumiendo la óptica del profano que dice no entender nada cuando mira al país vecino y hermano. Todo el blog es una gran recomendación, pero aocnsejo con mucho esta: La procesión va por dentro.

*Fotografía de la ciudad de Salerno. En este humilde portal de este humilde callejón vivió el otrora notable que aquí firma.

sábado, febrero 27

EL CAMBALACHE DE LA UCLM

Señor rector nuestro de la universidad regional: Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé. Disculpe el inicio tanguero de esta misiva lanzada sólo a los lectores, pero presiento que le gustan los aires porteños, la melodía de arrabal, y en concreto este Cambalache manido cuya letra habla de todos nosotros. En particular, le recuerdo aquello de «todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor». Algo así entendemos los de mi profesión que ha debido motivar el gesto de la universidad que dirige: quiere sacar una oferta de empleo público con tres plazas de periodista sin exigir a los candidatos que tengan la licenciatura correspondiente. Qué falta de respeto, qué atropello a la razón, rector ilustre, distinguido señor. Aquí un servidor y su gremio se han visto un tanto violentados por esta paradoja digna de salir en los discursos de apertura del año académico: la universidad que se hacía la contra ella solita. Los humanistas que renegaban del Humanismo. Los promotores de licenciaturas que castigaban a sus egresados. Con ese compadreo que contagia el tango, rector nuestro, pido que reflexione sobre las incoherencias, esas que por Albacete se atribuyen últimamente a su Rectorado a la hora de poner nombre a las escuelas transformadas en facultades. Viene al caso decirlo, rector, porque en esta ocasión la ocurrencia de las plazas de periodistas al alcance de los no licenciados también ha abierto el debate de los nombres: Unos lo llaman putada, otros cachondeo. Yo no le pongo nombre, lo dejo para los filólogos, titulados, eso sí. La verdad, con este desprecio al papel de las universidades a manos de una universidad pública, más valdría ahorrarse la Facultad de Periodismo que se está poniendo en Cuenca, y hacer un parque acuático donde ir a pasar el fin de semana. Pero no voy a dar ideas a nadie. Sólo califique usted mismo sus decisiones, y defiéndalas, porque hasta ahora la carta que le envió la Federación de Periodistas respecto a la oferta de empleo público debe de estar en su lista de cosas pendientes de contestar. A tiempo está de enmendarse y corregir la parida, don Ernesto. La profesión del plumilla, que siempre tuvo la frente marchita, le pide ese gesto de apoyo.


Publicado en La Tribuna de Albacete el 27-2-2010

lunes, agosto 31

SANTUARIO: POLITKOVSKAYA Y LA CONCIENCIA

Para reconciliarme de la mala conciencia que asuela a la profesión leo durante esta semana algunos artículos de Anna Politkovskaya, la periodista rusa asesinada hace casi tres años, y cuyos parientes luchan ahora por reabrir el caso y buscar culpables en estamentos sacrosantos. Más duro que leer lo que escribía esta mujer es pensar en que muchos testimonios de abuso y muerte a cargo de un Estado y sus cómplices no cuentan con la entrega de una profesional como ella, hasta el punto de que perdió la vida por hacer su trabajo. Decía Politkovskaya con pesar que llevaba varias muertes sobre su conciencia, personas de Chechenia que habían hablado con ella, contando su historia, y por eso mismo habían sido asesinadas a renglón seguido. La periodista rusa no encontraba palabras para explicar lo que pesaban sobre ella esas muertes, aunque quizá en secreto se consolaba sabiendo que su destino era caer también bajo las balas de los asesinos. Más que esa sola culpa, a esta mujer le aterraba la indiferencia de la sociedad occidental para con sus desmanes, y eso nos toca a todos, por muchos kilómetros que disten de aquí a Moscú. La historia de esta periodista valiente asesinada me sirve al menos para querer más el oficio, aunque alguien diga con razón que nuestra tarea poco tiene que ver con meterse bajo la mirilla de los soldados para denunciar su silenciosa labor de exterminio. Sí, vivimos en una sociedad donde poner un micrófono no es sinónimo de jugársela, pero no está de más trabajar teniendo en mente que la barbarie no queda tan lejos. Aunque aquí este trabajo parezca frívolo, mediocre o banal. Ocurre lo mismo con trabajos como la política o los sindicatos, peligrosas tareas que se pagan con la muerte en la mayor parte del mundo, y que en esta parte occidental se han insertado en la nómina de la normalización. Contemplando la última imagen con vida de Politkovskaya, no sé si es un avance. A sus 48 años, su gesto era de desencanto y resignación ante un difícil futuro de paz para su país, y las canas le habían barrido cualquier asomo de juventud. Muchas víctimas de su país y su ejército ni siquiera podían tener canas. Les habían arrancado el pelo a jirones.
Publicado en La Tribuna de Albacete el 29/8/2009

jueves, julio 2

LAS MENTIRAS DE LA NOCHE

Hace ya algunos años que no renuevo el título de mi libro favortio, y eso que leo mucho; o bastante, porque hubo un tiempo en que leía más. Sea como fuere, desde que leí Las Mentiras de la noche me apropié de esta historia, y siempre recomiendo el libro de Gesualdo Bufalino cuando alguien me pide documentación sobre Sicilia. A Bufalino hay que leerlo igual que hay que leer a Sciascia, a Lampedusa, Roberto Saviano o al asesinado Fava. Precisamente, de la existencia de este autor supe por alguien que conoce Palermo muy desde dentro, esa ciudad definida como un gran teatro en la que cada uno sabe qué papel interpreta. Sicilia es una metáfora del mundo, propugnaba Sciascia. Por eso mismo, Las mentiras de la noche es también una metáfora de lo más trágico y contradictorio de la especie humana. Como Sicilia. Como el mundo.