Marcelo Ortega, periodista

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jueves, marzo 19

DE CÓDIGOS ÉTICOS

La nueva política es un hecho. O las nuevas formas de la política. El cabreo ciudadano y las movilizaciones que comenzaron en 2011 han dado paso a esas nuevas formas. Los tronistas que gobernaban hace casi cuatro años respondieron con poco tino a las protestas: «Que se presenten a unas elecciones», decían. Ahora hay elecciones por partida triple, y todo ese descontento se presenta a las elecciones de muchas maneras y nombres. Quienes ya tenían su marca registrada como partido antes de 2011 tomaron buena nota de los nuevos aires, aunque renieguen y renegaran de aquellas andanadas de indignación y pancartas. El ejemplo son las elecciones primarias, o el modelo aún más participativo de las primarias abiertas que algunas organizaciones desecharon hace pocos meses para ahora aplicarlas como la cosa más natural de mundo. Entre los partidos estatales, sólo el Partido Popular continúa eligiendo a sus candidatos con esa forma tan de Kim Jong-un. Si a sus votantes les vale, a mí también, aunque la Constitución diga otra cosa.
Pero los nuevos tiempos también se han hecho notar en la postura ante la corrupción, que así llamada parece una epidemia. Luchar contra la corrupción es luchar contra los corruptos, y el último invento de los partidos ha sido el de los «códigos éticos». Para ir en una candidatura hay que firmar primero este papel que al parecer es un juramento de sangre sacramentado. Hasta ahora, al ocupar un cargo público había que prometer o jurar la Constitución, pero al parecer eso no basta. Muchos de los imputados juraban con un crucifijo delante, pero tampoco así supieron comportarse. Y sus jefes de partido, impotentes, tenían que dejarlos robar y hacer robar a los amigos de las empresas, porque no había código ético que lo impidiera. Sin código ético, gobernantes que también dirigen partidos no han tenido más remedio que promocionar a quienes han sido condenados por irregularidades. Como hizo Dolores Cospedal con el ahora presidente del PP en Ciudad Real: Condenado por el saqueo de CCM, Carlos Cotillas obtuvo como castigo dirigir el partido en esta provincia. Y claro, sin código ético vigente entonces en el PP, la presidenta tampoco pudo poner en marcha la prometida comisión de investigación sobre CCM. Se acaba la legislatura, y que si quieres. Habrá que estar atentos al próximo programa electoral, a ver si ya se emplean en ver dónde fue el dinero de la caja de ahorros. Porque prometer cosas que luego no se cumplen es de populistas peligrosos y bolivarianos, claro.