Marcelo Ortega, periodista

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miércoles, julio 29

THATCHER Y EUROPA

En una entrevista crepuscular, o sea cuando ya era una anciana, a Margaret Thatcher le preguntaron cuál creía que era su mayor logro político. La respuesta da pavor: «Tony Blair y el nuevo laborismo. Hemos obligado a nuestros adversarios a cambiar de opinión». A Thatcher aún le ponen altares los conservadores, como si hubiera que dar premios a quienes tienen el récord de destruir puestos de trabajo y cerrar empresas, pero su respuesta es el mejor análisis de lo que pasa (y le pasó) a la socialdemocracia europea durante las últimas dos décadas y media. Junto con los laboristas británicos, al mismo carro de mutar la identidad se subieron los partidos mayoritarios del llamado centroizquierda en el resto de países, partidos históricos capaces de gobernar durante grandes períodos de tiempo que una vez despojados de su identidad (social y laboral) quisieron ocupar el mismo espacio político que los conservadores. Con el neoliberalismo como mal menor, todos esos partidos que habían sido capaces de armar sistemas de bienestar y un determinado modelo productivo acabaron aplaudiendo la misma ideología liberal sobre la que se fundó la Unión Europea. La respuesta a la crisis griega ha sido el mejor ejemplo: Ninguna ayuda para los helenos de parte de Italia, Francia, ni mucho menos España. Los partidos y gobiernos llamados a hacer frente a las líneas generales que marca el poder financiero en Bruselas salieron todos juntos al lavabo cuando hubo que elegir: Ahí quedó Grecia sola.
Conviene tomar nota del problema, porque con la socialdemocracia perdida y sin rumbo hacer frente a una Europa que marca récords de ideología neoliberal va a requerir alianzas más allá de las fronteras. De nada servirá que España cambie de Gobierno y de mensaje, de nada servirá empezar a verbalizar el disparate europeo, si esa voz no tiene eco en los gobiernos de otros países del entorno, o al menos en mayorías políticas de Europa donde quepa la defensa de un estado social, y no este crimen a gran escala que ahora es la política comunitaria. Grecia ya ha tenido su dosis de realidad cuando fue a buscar ayuda real a Europa. Aquí en España, para elaborar los programas electorales, conviene afinar con lo que se dice y promete, y conviene tener en cuenta qué ayudas se van a tener en el arco parlamentario.

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