Marcelo Ortega, periodista

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lunes, octubre 7

GRACIAS, ARTUR, TE QUIERE, MARIANO

Ha cundido la alarma: Casi dos años después de ganar las elecciones, el Gobierno remonta en las encuestas pese a todo: Políticas impopulares, privatizaciones, protestas, y el deterioro generalizado que durante meses ha supuesto el clima de corrupción que se percibe a partir de los sumarios del caso Gürtel. ¿Cómo interpretar que, con una losa tan grande como los grandes éxitos de Luis Bárcenas, con una cúpula entera implicada y un presidente que reconoce sobresueldos no declarados, el PP sea capaz de no perder más crédito, e incluso recuperar algo de cuerda?
Lo primero que hay que apuntar es que el posible repunte al alza del PP lo señala un sondeo de Metroscopia que se hace cada mes. El Partido Popular gana cuatro puntos respecto a septiembre, pero sigue por debajo del hipotético apoyo que tenía en agosto, después de las sucintas y chanantes explicaciones de Mariano Rajoy. Volviendo a la pregunta, si hubiera que atreverse a dar una respuesta, o atisbar una explicación, yo miraría hacia Cataluña. Por el momento, y no es la primera vez que pasa, el Gobierno debería estar infinitamente agradecido a Artur Mas y sus planes soberanistas y consulteros. Dejando a un lado la idoneidad u oportunidad del temido referéndum, si el PP hubiera tenido que elegir fecha para poner sobre la mesa el debate sobre el tema no hubiera elegido otra: Ahora. Pasado el autoinflingido problema de Gibraltar, creado para dar un soplo de aire fresco a Moncloa, el «problema catalán» es una bendición para los despachos de Génova, tan ocupados como han estado en poner tierra de por medio de la época  del ahora delincuente Bárcenas.  Alguien dirá que también cuenta, para sondear los apoyos, el anuncio de la pretendida recuperación económica, pero yo creo que no cuela, que cualquiera con menos dioptrías que un servidor puede asomarse a la calle para observar el desastre que somos, cuando en el timón hay gobernantes de credo neoliberal que asumen sin más cualquier orden que les dé un trajeado del FMI, la troika, o el financiero de turno. No sé cómo evolucionarán los próximos sondeos, ni sé si son de fiar hasta punto de ser noticia cierta y segura desde el momento en que el periódico que lo encarga lo publica. Sí sé que este apoyo otoñal y melancólico a un gobierno acorralado que ni siquiera puede aprovechar su mayoría absoluta tiene mucho que ver con el arrebato soberanista. 

Tampoco todo es gratis. Los socios de CiU, con Artur Mas a la cabeza, siempre han sido beneficiarios de algunos de esos privilegios feudales que las leyes aún permiten. En CiU saben que en Madrid no son tan malos: les indultan a los ladrones que se llevan el dinero de todos (también de los catalanes) cuando son militantes de la causa, sea Convergencia, o sea Uniò, y tan amigos. Por esa, y muchas otras razones que tienen que ver con la idea de sociedad que dibujan los programas de CiU, con esa gente no iba yo ni a cobrar una herencia, que se dice.  Pero hay quien sí va, y quien sí ha ido: El Partido Popular, el Partido Socialista; es para hacérselo mirar. Que el facherío español y catalán compartan proyecto común puede ser lógico. Preocupa más que tengan respaldo de partidos de la izquierda que parecen empeñados en ver al enemigo del pueblo a 600 kilómetros, y no en el Palau de la Generalitat. Allá ellos.