Marcelo Ortega, periodista

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martes, julio 16

EL PODEROSO CABALLERO


Luis Bárcenas es un rico presidiario. Un presunto delincuente, lo apellidan desde las filas populares, que han pasado de darle cama y comida a considerarlo un extraño. Como si no hubiera hemerotecas, los discursos oficiales y el ideario de la prensa afín lo dibuja como un malvado. Alguien que ya no se merece aquello que le cantaban: “Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario”. Se acabó la presunción de inocencia, hay que defender la plaza fuerte.
La reacción contra las acusaciones de mangancia generalizada en la casa PP tiene, a grandes rasgos, dos bandos opuestos: el de quienes creen en la primera versión del repeinado exgerente y niegan así la contabilidad B; y el de los que creen la de ahora, la contabilidad B del PP existió, se ha estado financiando ilegalmente, ha adjudicado contratos a cambio de sobornos, y toda la plana mayor chupó del frasco a espaldas de la ciudadanía, Hacienda, y la Santísima Trinidad.
Sea cual sea el bando de cada uno, para Mariano Rajoy sólo caben ya dos diagnósticos: O el susodicho tomó el mando asumiendo que la maquinaria funcionaba así, y se aprovechó como el resto tolerando y participando en las pagas extras bajo cuerda, o bien es un bobo solemne que creía que militaba en un partido de benditos, respetuoso con la ley, con el fisco, partidario del juego limpio. Más allá de lo que pueda decir una sentencia, ninguna opción le sirve a Rajoy ya para defender su valía como gobernante: Si eres tan incapaz de ver a un mangante (presunto) como lo has sido con tu supertesorero gerente, no te mereces poder poner un pie en cualquier espacio público, y menos aún presidir un país.

No soy votante ni militante del Partido Popular; dudo que lo vaya a ser algún día, pero el actual debate entre devotos y detractores del ingenuo Mariano va dirigido a ellos, a la mayoría social que según sus dirigentes tienen, con la que cuentan para salir a la calle con la cabeza alta. A muchos no creo que les duela la conciencia, duermen bien. El gran partido de derechas, en este y otros modernos países europeos, se nutre en una buena parte de ciudadanos con ese particular sentido de la limpieza y la ética: En política hay que estar para forrarse, y que roben los míos. No es una epidemia solo española. A pesar de que los haya preocupados por aquello de la imagen que damos por el extranjero, también hay mucho magnate/mangante buscando gobiernos corruptos, chanchulleros y dados al pillaje, gobiernos que sepan convertir dinero en más dinero y poner las leyes al servicio del depredador. Un ejemplo, Eurovegas, del que presume la indignadísima Aguirre, siempre tan dispuesta a irse a la cama con el poderoso caballero. Lo de menos es si el dinero huele; si tributa en alguna parte, B, negro, estupideces.