Marcelo Ortega, periodista

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jueves, diciembre 13

'LA STESSA COSA'




La política y el crimen son la misma cosa. No es una frase que suscriba yo, la decía un viejo siciliano llamado Don Tomassino en El Padrino III. Revisité la película esta semana, el mismo día que se hablaba del retorno de Silvio Berlusconi, así que fue fácil relacionar la lapidaria sentencia del personaje de Coppola y la vuelta del Cavaliere. Con las elecciones italianas, a pesar de la distancia, puedo saber qué pasa ahora en cada pueblo, en cada circunscripción de la isla donde cada voto cuenta y se controla para los amigos de los amigos. Cómo quitarle así la razón a Don Tomassino. Pero la relación política-crimen no es tal, no es algo dado de manera lógica en función de la naturaleza propia de ambas cosas, como si una cosa sea cosustancial de la otra. Lo que el viejo siciliano quería decir era que políticos y criminales son la misma cosa. Tampoco yo lo suscribo, pero ya se parece más a lo que yo percibo. Todo esto sirve también para pensar en las circunstancias de un escándalo político-criminal como el vivido con el diputado Santiago Cervera, implicado en un presunto chantaje económico donde la Guardia Civil fue la protagonista (no todos los días se engrilleta a un pez gordo). Me decía un agente de la Benemérita esta semana que en su opinión los guardias del dispositivo de vigilancia no sabían quién era el tipo que acudió a la trampa, y resultó ser un diputado. En estos casos, una discreta llamada pone sobre alerta al individuo, y la cosa se soluciona sin ridículos tan espantosos; a veces incluso sin nuevas actuaciones policiales.
La tesis que me contaba este guardia civil cobra fuerza cuando me entero de que ya ha llegado una circular en la que el instituto armado ordena ser informado con antelación de las operaciones en las que estén implicados cargos públicos. Cosas de un estado de Derecho como el nuestro, con gobernantes muy preocupados por las garantías procesales de los cargos públicos.
Como cada vez que pienso mal acierto, creo que más de una mente pensante por los ministerios ha tenido que caer en la cuenta que, poniéndose en contra a todo quisque como hacen con cada paso que dan, mejor limitar movimientos también a fuerzas de seguridad. Lo mismo ocurre con jueces y fiscales. ¿Y si alguien en la judicatura quiere presionar al Gobierno sacando a la luz algunos cadáveres excelentes?
La Historia demuestra que estas cosas pasan, y este Gobierno, abonado solo a limitar derechos y cultivar la represión contra cualquier discrepancia, no va a dudar en seguir por la senda de la violencia legal (que no es solo física) para ir quitando bazas a todo el que no baile la danza del mutismo y el consentimiento otorgado. Y  es que hay mucho político que piensa como Don Tomassino, lo triste es que, a más de uno, hasta lo hemos elegido en las urnas.