Marcelo Ortega, periodista

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lunes, noviembre 12

14-N. TODO SE ANDARÁ

Voy a hacer huelga el 14-N. Entiendo las razones de muchos que no la harán. No entiendo las de mucho otros que tampoco la harán. Sé de buena tinta que en muchas empresas la amenaza del despido por hacer huelga es el pan de cada día. Yo puedo hacer huelga y voy a hacer huelga. Como en marzo de este año. Como en septiembre de 2010.
Cuando llega una huelga general, y cuando llegan muchas otras formas de protesta, muchos trabajadores se preguntan por la utilidad de la cosa. ¿Vale para algo protestar? ¿Se tiene en cuenta? ¿Supone algo más que perder un día de salario? Los más rápidos pensando deducirán pronto que no hay que darle muchas vueltas a la cabeza: Si Esperanza Aguirre es de la opinión de que hay que prohibir las huelgas generales, entonces es que las huelgas sí tienen un sentido, están en lo opuesto de los deseos de la indigencia moral que practica el ala conservadora del movimiento conservador español.
Una huelga general no es un plebiscito para dar apoyo a un sindicato o a un partido. Una huelga es la forma más elemental de decir "no" o "sí" al camino que sigue un pais´, su sociedad, la política que se practica en el mismo, y también su economía. Si pensamos que las huelgas no han servido para anda, también podemos pensar que no secundarlas ha servido para menos: Organizaciones empresariales y los dos grandes partidos políticos han ido legislando de la mano restando derechos a la población, elevando mucho más la distancia entre ricos (menos, pero más ricos) y pobres (muchos más, y más pobres). Esa es la síntesis de la deriva del país en las tres últimas décadas que tendría que llevar a un ciudadano a plantearse que sí, que la huelga es pertinente.
Quienes hagamos huelga esta semana la haremos contra esta situación, injusta. Es injusto que quienes nos han metido en un pozo negro sin futuro quieran erigirse en salvadores; es injusto que estemos dirigidos por antisistema que decreto a decreto liquidan las pocas herramientas de defensa de los que menos tienen, para mantener así los privilegios de los poderosos. Es injusto que la gente se arroje por una ventana mientras quienes ponen las sogas en los cuellos dan discursos, cobran tres sueldos y pasan el tiempo llamando a líneas 902 desde su sillón de senador. Es injusto que trabajes 10 horas y te paguen ocho, es injusto que te puedan despedir a capricho, y es injusto que incluso reclamar justicia vaya a ser un privilegio reservado a quien pueda pagarla. Este es mi país; el tuyo; el que nos están cambiando unos cuantos listos a sueldo de los de siempre mientras tú y yo pensamos si merece la pena ir a la huelga. Yo soy de los que irá, al menos por si terminan haciendo caso a Esperanza Aguirre. Todo se andará.