Marcelo Ortega, periodista

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miércoles, septiembre 26

25-S, YO PREGUNTO

Datos oficiales de la Delegación del Gobierno: 6.000 manifestantes, 1.400 efectivos de Policía. Tocaban a menos de cinco personas a vigilar por cada agente. Sin embargo se vieron desbordados. ¿No les enseñan nada en las academias?

El colmo es que se felicite a la Policía por repartir leña. No es nuevo. En días como el de ayer la consigna que reciben los agentes es “vía libre”. No es nuevo. En tiempos de Zapatero lo pude comprobar en persona, con el cierre patronal del transporte.

El ministro argumenta que es un delito tipificado en el Código Penal coaccionar a los Diputados. ¿Habrá ya orden de busca y captura contra la troika, contra Bruselas, contra el FMI, que es el que dicta las recetas que tienen que votar en el Congreso?

El sentido de la manifestación era reclamar una auténtica democracia, al servicio delos ciudadanos del país, y no al servicio de bancos/mercados/poderes externos. ¿Es coacción pedir a un diputado que cumpla con su deber, el que le manda la Constitución? ¿Es coacción exigir a quien te representa que te represente?

La delegada del Gobierno aduce que había nazis entre los manifestantes. Ojalá, los hubieran tratado con mucho más respeto, como aquí puede verse: http://www.youtube.com/watch?v=pV9F7POkSH8


domingo, septiembre 23

LA LIDERESA Y VARGAS LLOSA

Mario Vaquerizo ya no está solo ensalzando la figura de Esperanza Aguirre desde la escena artística: Ahora le ayuda Mario Vargas Llosa. Me he resistido a escribir una línea sobre la retirada de la presidenta de a Comunidad de Madrid, pero sí vale la pena volver subrayar la enorme diferencia que hay entre el Vargas Llosa que escribe y ficción y el que hace análisis políticos. Para muestra el homenaje y el aplauso sin condiciones a la lideresa, en ese su adiós de la política. Vale, Vargas Llosa es amigo de la ya expresidenta, pero ¿se puede construir un discurso tan rotundo de rendición a los pies de la trayectoria de Aguirre? ¿Y se puede ser tan ridículamente malo argumentando ciertas cosas?
Dice Vargas Llosa que en los años en que conoció a Aguirre (allá por 1983 o 1984), el liberalismo de la madrileña “no estaba para nada de moda”. ¿De verdad? ¿Sabrá Vargas Llosa quién es Margaret Tatcher y quién era en esos años? ¿Sabrá el escritor de un tal Ronald Reagan?
Pero el peruano continúa haciendo alarde de su visión de España, y dice que con Aguirre Madrid es “la región más próspera, menos endeudada, una verdadera potencia industrial y la de vida cultural más rica y diversificada de todo el país”. Asombroso, porque Madrid es la segunda comunidad con más deuda, y su Ayuntamiento el más endedudado del país con diferencia. Sutilezas para el escritor, futesas, claro. Aguirre y los suyos solo pasaban por allí.
La semblanza incluye muchos más signos de histeria. Llega a decir el escritor que si nos hubiera gobernado Aguirre de hundimiento nacional nada: “nos hubiera gustado verla llegar a la Presidencia del Gobierno, convencidos de que, con ella al frente, jamás se hubiera hundido España en una crisis como la que hoy padece”. Espectacular.
Vargas Llosa es un liberal convencido. Aguirre, según ella, también. Se olvida el escritor -y no lo dice Aguirre- que en verdad la presidenta ha gobernado Madrid utilizando muchas veces su odiado “intervencionismo” de la Administración. ¿Un ejemplo? Eurovegas, cuyo respaldo de la Comunidad de Madrid es lo más opuesto a la práctica liberal que se puede encontrar.
Qué mas da. Te pones a escribir con esa pasión, y conviertes a una mediocre política ignorante y con prácticas poco democráticas en la más firme defensora del interés general. Cosas de artistas, pero a Mario Vaquerizo se le puede perdonar. Con Vargas Llosa cuesta más.
La semblanza de la lideresa incluye otra de las cantinelas preferidas del peruano: el mal que la izquierda ha hecho por el mundo y también en Europa. Es una teoría como cualquier otra, pero para haber tenido tan pocas veces gobiernos en sus manos (hablo de izquierda, no de experimentos centristas de corte PSOE), es increible la parte de culpa que el escritor le atribuye. Cosas de artistas. Bien por la libertad de expresión. Y por El País, claro, este hombre no iba a escribir en cualquier sitio.