Marcelo Ortega, periodista

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viernes, agosto 10

ELOGIO DE LA PLAZA MAYOR

A esta hora es oficial: estamos de fiestas patronales. Un servidor también, y de vacaciones en honor a San Roque; no doy más pistas. Para muchos pueblerinos como yo esta semana es mentalmente el principio y el final del año, como si el curso se renovara a partir de los cohetes, la paloma fresca, las sillas de anea en la puerta por las noches y los primeros compases de Amparito Roca. Cuánta poesía cabe alrededor de un pueblo, aunque nos quieran condenar a la ruina echándonos en cara las faltas de otros. No solo se empieza a vivir peor en muchas poblaciones en aras de una pretendida austeridad (menos colegios, menos médicos) sino que se extienden como la pólvora estupideces peligrosas, auténticas barbaridades reformistas que dicen que si hay algo que sobra son ayuntamientos; para justificar estos disparates los portavoces del hundimiento nacional apelan a la deuda, repartiendo culpas por igual entre indios y vaqueros; menos mal que sabemos  que no es así: dos de cada 10 euros de los que deben los municipios españoles corresponden ¡Al Ayuntamiento de Madrid! Gallardón, premiado por ello con un ministerio por el partido de los buenos gestores, puede presumir de atesorar casi un cuarto de la deuda municipal. En Madrid por no tener no tienen ni herencia socialista con la que justificarse, porca miseria. La estadística desmonta de muchas más formas la mentira de que muchas administraciones pequeñas son ruinosas por naturaleza: sumemos cinco ayuntamientos más y ya sale el 36% de la deuda municipal del país. Todos ellos ayuntamientos grandes, pero que en ninguna manera suman el 36% de la población. Los números no son nuevos, pero vale la pena recordarlos aunque solo sea para echarnos las manos a la cabeza cada vez que salga un listo con cargo a pedirnos sacrificio. Ya ven, mi elogio de la vida tranquila y mi brindis por las fiestas patronales se ha jalonado de insultos a los que piden la abolición de la plaza mayor, si sirve la metáfora. No me ha salido de otra forma. Quien quiera creerse que una escuela en un pueblo es un lujo, o que un médico está «por encima de nuestras posibilidades», allá él. Yo seguiré pensando lo que pongo más arriba. Lo juro por San Roque.