Marcelo Ortega, periodista

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viernes, agosto 3

EXPERIMENTO

Instalados en el desconcierto general, he hecho el experimento de separar en grupos las opiniones que se tengan de los dirigentes: unos les atribuyen incompetencia; otros les atribuyen incompetencia y malicia; otros ignorancia, incompetencia y malicia; también un grupo amplio piensa que son políticos capaces que han llegado a gobernar en el peor momento, y que todo lo que nos pase en virtud de sus decisiones es el mal menor; hay otro grupo, el militante, que defiende cualquier decisión del gobierno solo por tener sus colores, en plan tiffoso. Ninguna de estas categorías es nueva, solo que en cada momento social e histórico las expresiones de pertenencia a uno u otro lugar fluctúan, los conjuntos se hacen de menor o mayor tamaño. Dejando aparte el grupo de los militantes, menos tendente a variar, pero que sí atempera las exhibiciones de orgullo, es curioso que también aumente en estos tiempos el grupo de los resignados, el que comparte el mensaje de que todo lo que nos pasa es inevitable, consecuencia de una lógica que no tenía alternativas. Presentar la decisión tomada como el único camino posible es una de las tergiversaciones que mejor renta ha dado a los dirigentes; solo que un discurso repetido acaba teniendo una réplica que gana partidarios, aunque solo sea porque la realidad desmonta el mensaje de que se han tomado las decisiones correctas. Ahí está el aumento del desempleo un año después de que los populares prometieran dar trabajo a todo quisque. Ahí están los efectos de la «necesaria» Reforma Laboral, la del PP y la que el PSOE hizo abaratando el despido, de la que ningún socialista quiere acordarse. ¿Se acuerdan los pensadores respetuosos que jalearon al anterior gobierno? Es curioso ver ahora los pronunciamientos a favor y en contra por parte de la elite cultural; comparto la idea de lo poco que valen algunas personalidades que cambiaron su pensamiento más o menos rebelde por el domesticado discurso zapateril y felipista, tan derechón y tan para ricos; y me divierte que el adalid intelectual de Esperanza Aguirre sea ¡el marido de Alaska! El televisivo dice que la presidenta es «la mejor». Hasta vendrá a cantar a Albacete en Feria. Bueno, es una oportunidad de negocio para la aeronáutica, ahora que está la cosa parada. Solo hace falta que los tontos vuelen.

Trío de ases para los talleres de mantenimiento aeronáuticos. Solo falta una cosa, claro