Marcelo Ortega, periodista

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lunes, septiembre 3

EASTWOOD Y EL CORONEL BUENDÍA

Soy casi ignorante en cuanto a libros de García Márquez. Leí 'Cien año de soledad' hará unos 10, y me gustó, aunque después le dí otra vuelta y le puso algunos peros. Sin embargo tiene una historia muy emocionante que me vino a la cabeza esta semana, tras ver intervenir a Clint Eastwood en la convención republicana que encumbró a Mitt Romney como candidato a la Presidencia de los Estados Unidos de América. Eastwood tiene 72 años, y unas cuantas películas que a todos nos han tocado la firma sensible. Viendo lo que pasa por Hollywood, donde parece que todo el mundo se ha vuelto imbécil, el trabajo de Eastwood parece hasta soberbio, en todos los casos, aunque no sea así. Vi a Eastwood tomar partido por el candidato republicano (ya fue alcalde en 1986), y me sorprendí, tanto como lo hubiera hecho si le veo aparecer por un mitin de Obama. Pero me recordó la historia del coronel Buendía en la obra de García Márquez: recuerdo que es tras la guerra civil, con el coronel ya muy mayor, que recibe una carta del Gobierno anunciándole que le concederán una medalla por su papel en el Ejército. De hecho, el presidente mismo acudirá a darle su medalla, dice la carta; y el coronel, también por carta, responde educadamente que celebra la idea, y celebra poder encontrarse con el presidente, porque aprovechará la ocasión para pegarle un tiro. Argumenta el coronel Buendía que no es por odio político, ni por rencor, sino por querer “burlarse de un pobre viejo”. Al final el presidente del Gobierno se impresiona tanto que le envía la medalla por correo: parecía hablar en serio el coronel con aquello de pegarle un tiro.
A Clint Eastwood le presuponía yo esta respuesta, que no es violenta, sino digna. Haber respondido con esta elegancia y firmeza a cualquier invitación de uno de estos elementos poderoso de USA. Pero vaya, por los campos americanos hay más de cuatro libertarios que se echaron en manos del Partido Republicano, huyendo de ciertos v Valores encarnados por los demócratas. No es cuestión de derechas o izquierdas, más bien de una manera de entender el gobierno del país, eligiendo entre una y otra forma de entender el conservadurismo y las ideas económicas liberales.
La historia del cine, de la literatura, de la música, la cultura en fin, tiene otros ejemplos de seguidores del Partido Republicano más o menos peculiares. Recuerdo al hippie Charlie Daniels, reconvertido después en firme defensor de causas bélicas como Iraq. Uno de sus discos es un directo en tierras iraquíes, y se hizo fotografiar vestido de Marine. Hasta compuso un Iraq`Blues, y por supuesto dedica el disco a los adalides de la libertad, léase las tropas americanas.
El señor Daniels, segundo por la derecha, hecho todo un marine
El abrazo de ideas fundamentalistas por parte de artistas más o menos libertarios merecería un ensayo, y de grosor considerable. En cualquier caso, espero que nadie afine los gustos en virtud de esa elección demócratas/republicanos que hacen muchos artistas estadounidenses. Yo, por mi parte, tengo en el altar a algunos escritores “derechones”, sin que ello les pueda quitar per se un gramo de valor, creo (Jardiel Poncela es uno de mis favoritos, y quien no haya leído 'La tourné de Dios' no sabe lo que es reírse con un libro). Y si quieren vomitar por la hazaña de Eastwood, guárdense algunas arcadas para cuando Bruce Springsteen le haga la ola al presidente Obama, otrora Premio Nóbel de la Paz.

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