Marcelo Ortega, periodista

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viernes, mayo 4

UN CERROJO (DE 30 KILOS)



Una anécdota de la mili en la Base (me callo su autor) decía que despertaron a los reclutas a media noche para hacer un simulacro de invasión. El enemigo había penetrado en la instalación militar y se acabó el dormir. La tropa se organizó y se repartió por todo el perímetro de la Base, con el fusil mirando hacia fuera, para que el invasor no pudiera entrar. Alguna hora después el oficial dijo que ya valía, que el ejercicio había terminado, y que la próxima vez se pusieran con los cetmes hacia dentro y la espalda contra la valla, porque, como había explicado, el agresor había invadido ya la instalación militar, o sea que estaba dentro. 
Me acordé de esta historia esta semana, al saber del blindaje policial a la ciudad de Barcelona por la reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE): Miles de policías para proteger la cumbre de «los radicales» protestones, y resulta que los radicales estaban dentro, tan tranquilos, encorbatados, con el micrófono delante, la bendición del parné, y malas ideas en la cabeza. Más de un ciudadano, al ver los rostros de los fulanos de la reunión por la tele, pensaría que estaba el Palacio de Pedralbes como para ponerle rejas, un cerrojo de 30 kilos, y si acaso ir redactando escritos de acusación, de camino a un proceso judicial y un juicio justo, como debe ser. Y es que no puede uno sino enfadarse cuando ve que los gerifaltes del Banco Central echan flores y elogios para las reformas del país: son los mismos que echaban elogios a España y a su economía hace 15 años, hace 10, hace cinco, y hace tres. Los mismos que marcaban una ruta a seguir, los mismos que aplaudían el desmantelamiento de los sectores más productivos de la economía española, aplauden ahora las medidas que son producto del camino que ellos fijaron. Y gobernantes como los nuestros, en lugar de invitarles a no aparecer por aquí ni para ir de vacaciones a Costa Blanca o mandarlos a picar carretera, les ponen la alfombra roja del perrillo faldero. Ahí anda el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que en vez de gobernar los bancos los mandó a navegar por el mar de robo y especulación, y las «soluciones» que pone sobre la mesa son bajarnos más el sueldo y trabajar más horas. ¿Soluciones? Quizá el cerrojo de 30 kilos fuera mejor.

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