Marcelo Ortega, periodista

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jueves, abril 12

DISCREPAR, MIENTRAS NOS DEJEN


Los españoles nos parecemos cada vez más a aquella gente que aparecía en los western: paisanos de un poblado sentados en los porches, simplemente mirando, esperando. La vida era trabajar y esperar que algo pasara. Esa resignación es la que nos pide el Gobierno para todos estos años: se acaban los servicios, se acaba el ocio, se acaba cualquier clase de entretenimiento, y llega el momento de ver la vida pasar y esperar sentado a morirse. Tampoco hay espacio para la oposición. Como en el chiste de los cubanos, en España pronto tendremos que responder con un «no nos podemos quejar» cuando un extranjero nos pregunte qué tal nos va. No nos podemos quejar, no nos dejan. Las medidas que preparan los ministerios de Interior y Justicia para reformar el Código Penal caminan hacia el lado más totalitario y fascista que puede tener un Estado: hacer de la oposición delito, censurar cualquier manifestación que no sea de claro apoyo al poder estructurado. Cuesta no abrir la boca de asombro al ver que la resistencia pasiva pueda ser considerada un atentado a la autoridad. ¿Puede uno atentar contra alguien cuando no hace nada? ¿Poner la otra mejilla es un acto de agresión? El Gobierno pone su cara más radical con esta batería de medidas destinadas a anular las críticas. Se sirve del lenguaje, y le ayudan sus altavoces mediáticos, incapaces de ver el error histórico de jalear medidas tan reaccionarias. Hessel recuerda en uno de sus textos cómo los ciudadanos palestinos de Bil”id van, en manifestación cada semana «sin arrojar piedras, sin utilizar la fuerza», hasta el muro construido por el estado israelí. Es una protesta pacífica, pero Israel también sabe utilizar el lenguaje y la llama «terrorismo no violento». Así funciona un estado totalitario, y así vamos a funcionar, si se cumplen las amenazas. Utilizar los medios del Estado para que una oligarquía se perpetúe en el poder es la naturaleza misma de los movimientos totalitarios más criminales. Hay que conocer la Historia para que no se repita. No adelantemos acontecimientos, pero en la región Cospedal prepara una reforma de la ley electoral que apunta también a blindar a su partido de una posible derrota en las urnas. Habrá que discrepar, mientras nos dejen.