Marcelo Ortega, periodista, con todo lo que ello supone.

Páginas vistas la semana pasada

viernes, marzo 9

A FUSTIGARSE

Todo el mundo tiene derecho a manifestarse por la causa que considere, también los representantes del Gobierno anterior. Mañana hay convocada una nueva protesta contra la reforma laboral impulsada por el Ejecutivo, y va dirigida a trabajadores y ciudadano. Estos pueden desfilar con la pancarta que les dé la gana, de sindicatos, de colectivos, de partidos... La presencia de miembros del partido que gobernó el país hasta noviembre -y la ciudad y la región hasta mayo- no devalúa la protesta ni los motivos, acaso define muy bien la catadura política de algunos de ellos: leales a decisiones que empobrecieron más y más a los trabajadores, leales a la peor patronal que ha conocido el país, leales a derechazos tales como su reforma laboral, y sin embargo convencidos de que siguen afiliados a la única organización de izquierda que puede aspirar a administrar los recursos y la forma de vida de todos nosotros. Si así lo piensan, han hecho poca reflexión interna, y en las convenciones y congresos han hecho menos reflexión conjunta. Díganlo claro: estamos como estamos gracias a ellos, lo que no excluye la responsabilidad de su «gran hermano» popular. Pero este gobierna desde diciembre, no antes. De puertas para fuera, la familia socialista ha hecho un sonrojante ejercicio de olvido para con sus causas y azares. Salvo honrosas excepciones, el día después de perder ya hubo quien formateó su disco duro de hazañas conservadoras para empezar a cargar contra los nuevos mandamases. Habrá quien olvide estos ocho años, pero habrá quien eche mano de las hemerotecas, menos fáciles de ocultar. Hacerle oposición al Gobierno por la izquierda es muy fácil, pero si en ocho años has comulgado con las mayores piedras de molino de la derecha, queda feo que ahora pongas cara de asombro. Aun así, bienvenida sea la vuelta de los socialistas a la calle, y ojalá esta vez les dure más la veta obrera, que parece que la O de las siglas se les cayó nada más morirse Franco, o nada más ganar González, seamos justos. Si tan vital les es acudir a las protestas se me ocurre que lleven un látigo y vayan fustigándose, cual paso de Semana Santa. Los compañeros de protesta aplaudirán el gesto, más vale tarde que nunca. No se descarta que alguno quiera coger el látigo, para aliviarles la culpa y el mal de conciencia.

1 comentario:

Juan dijo...

No me gusta procesionar, pero me apunto a lo de fustigar políticos ya mismo.