Marcelo Ortega, periodista

Páginas vistas la semana pasada

lunes, enero 30

Exhonorable

Alberto Ruiz Gallardón tiene un plan para que los juzgados españoles tengan un alivio en la saturación de asuntos que llegan a sus brazos. El plan es rascarnos el bolsillo, más todavía, cuando tengamos que acudir a ponerle una demanda al vecino, al jefe, al alcalde, o a la compañía telefónica. No tiene gracia, señor ministro. La idea es tan simple que roza lo ridículo: no soluciona el derecho de los ciudadanos a una justicia efectiva y rápida, pero alivia la carga de trabajo. No seremos un país más justo, sino un país con una administración de justicia más eficaz, siempre que uno pueda pagarla. Dentro de la improvisación que campa por los despachos de Justicia, la de Gallardón tiene sus quilates. Es como aliviar la saturación de las prisiones eliminando las penas de cárcel en el código penal, o tirando a los reclusos sobrantes al Ebro, por un poner. ¿Problemas grandes? Pues grandes soluciones, así, de pronto, que para eso hay mayoría. Leo unas declaraciones hechas en octubre por otro ministro, Cristóbal Montoro, donde casi se descojona de la idea de encarecer más el acceso a la justicia. Normal. A un mes de las elecciones generales, Montoro andaba despistado sobre qué iban a hacer y qué no iban a hacer una vez mandaran. Es lo que tiene presentarse por un partido con un programa tan dado al hipérbaton y una acción política tan barroca, entre el desorden y el sainete. Medallas que también se colgaron por méritos propios sus predecesores socialistas, huelga decir. Pero para justicia, la que le han dado al exhonorable Francisco Camps, rompiendo las quinielas de sus compañeros de partido, que le auguraban una condena en virtud de este acoso judicial y policial sufrido por los mandamases valencianos. Guste o no la sentencia, la tesis de la persecución inquisitorial la tendrán que desechar. Lo malo es que cuando hay un juicio a un político suele pasar como en la feria, que hay justicia o no según lo que se dicte. Personalmente pienso que si no hay pruebas suficientes para condenar a Camps el jurado ha hecho lo que tenía que hacer, pese a quien pese. Ojo, de ahí a cantar victoria y pedir aplausos para la actuación del expresident va un trecho. Si Camps fuera americano iría a la cárcel, solo por haber mentido. Y mentir, más allá de que sea delito, no es propio de personas honestas.

No hay comentarios: