Marcelo Ortega, periodista

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lunes, octubre 17

CUNEROS (o cómo mi abuelo era mayor que yo)


Lección de historia: ya en la restauración borbónica el sistema político patentó la figura del cunero: dícese de aquel candidato a ocupar un escaño representando un territorio con escasa o ninguna relación con su persona. Se trataba de colocar a algunos ilustres para que no dejaran de tener el trabajo seguro del gobierno. La práctica de tirar en paracaídas a dios sepa quién desde el comité electoral madrileño es algo que ha cultivado la candidatura del Partido Popular, sin que sepamos que le haya restado voto alguno. Es una señal de hasta qué punto importa quién aspira a representarnos. Votamos unas siglas, sin más. Ejemplos albaceteños tenemos. Tendremos cuatro años más de congresista a quien hemos tenido cuatro años, Álvaro Nadal, que a buen seguro representará a los ciudadanos que habitan la provincia por el Partido Popular. Estaría bien ver cuántos de los 113.609 votantes que le pusieron la equis en 2008 sabrían reconocerlo por la calle o en la panadería. El jueves estuvo en Salamanca viendo una empresa de esta conocida comarca albaceteña de Castilla y León. Si uno pregunta en el partido, te hacen ver que tener a un desconocido de diputado es bueno. Pedir franqueza a determinados políticos es como pedirles que echen a volar. Mientras, los candidatos cuneros se arman de valor para que nadie les saque los colores, se aprenden cuatro frases para aparentar que saben cuál es el plato típico del pueblo que visitan, y prometen cuánto harán por la provincia a la que acaban de llegar. Una vez pasan las elecciones, con venir a la provincia algún viernes y dar una rueda de prensa cumplen. Si ni siquiera los diputados autóctonos hacen algo más, por qué habrían de hacerlo ellos. La pervivencia de los cuneros es un síntoma de que los parlamentos dejaron de ser el lugar donde se hace la política para ser dos cosas: teatro de la representación para uso y disfrute de los partidos, y altavoz de políticos que acuden allí para subrayar su ideario. Si es que lo tienen. Ahí está el futuro presidente, Mariano Rajoy. Su programa es alto secreto, pero el otro día se le fue la boca y dijo que si es presidente «explicaré todo lo que haga». Menudo compromiso. Le faltó añadir lo que decía Gila: «Mi abuelo era mayor que yo». Hasta con ese eslogan le van a votar, así que para qué complicarse.

 Publicado en La Tribuna de Albacete el 15/10/2011

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