Marcelo Ortega, periodista

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lunes, julio 4

A CARCAJADAS

Hay una mala premisa en el mudo reporteril que ordena que el periodista o los periodistas nunca deben ser la noticia. Que la realidad que les rodea no puede ser contada, explicada o denunciada por ellos mismos por el hecho de que contaminarían la sacrosanta objetividad que se les pide. El periodista, los periodistas, debe privarse de levantar la voz cuando un problema le afecta y afecta a su trabajo. Como si no vivieran en este mundo. Pero hoy viene al caso pasar del dogma y hablar de nosotros mismos. Al fin y al cabo, tantas cosas que se supone que eran ciertas para este gremio han acabado cayéndose cual castillo de naipes, que igual la cosa absurda de no ser protagonistas de la noticia acaba en el rincón del sótano de la profesión, junto a la máquina de escribir, los correctores y las noches de whisky en el bar de la esquina. Hago un esfuerzo en buscar explicación a por qué los periodistas no pueden hablar de los males de su profesión aunque cuenten los males y las quejas de todas las demás, y sólo encuentro argumentos que nos ponen en muy mal lugar. Quizá porque muchos han vivido y seguimos viviendo en aquello de «bien o mal, el pan de cada día», muy en concordancia con este falso corporativismo del que el gremio todavía hace gala -algunos hacen profesión de fe- y que sin embargo sólo ha traído más desgracia, menos público, miserias morales, y peor sentimiento de mala conciencia. En verdad, de esto último hay, pero no tanto. Desde las tarimas de la veteranía un servidor ha podido escuchar que esto de la mala conciencia es cuestión de tiempo. Que uno acaba escribiendo cada día con el mismo temor de no cumplir su deber que el que pueda tener un barrendero cuando se le queda una colilla. Por esta línea tan ilustrativa de cómo está el servicio andan los que han puesto a caldo a los periodistas de El País que han decidido no firmar las informaciones mientras no se solucione el problema laboral que sufren. Infórmense en Internet, único lugar donde podrán ver las causas de la protesta. De las tarimas de la veteranía antes nombradas les dicen que vaya fallo, que «lo laboral no puede mezclarse con lo profesional». Atónito, me pregunto si lo empresarial nunca se ha mezclado con lo profesional en nuestro día a día. Y no contesto, sólo me echo a reír como un idiota.




mortega@latribunadealbacete.es

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