Marcelo Ortega, periodista

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sábado, junio 4

LA HISTORIA

No sé ustedes, pero a ratos parece que este país no tenga remedio. Igual es peor, y hasta tiene remedio. Pero a veces el remedio parece lejano, muy lejano. Uno se pregunta qué imagen damos allende las fronteras cuando nos desayunamos con noticias como esa visión nostálgica del franquismo de la Academia de la Historia. Me dice un historiador que la cosa no les ha sorprendido en absoluto. Que en 1999, cuando vieron en quién caía el encargo del entonces gobierno de Aznar, ya se imaginaban un final como éste. También me dicen que desde luego los historiadores no se sienten representados por esta academia, que más que un órgano asambleario con representantes elegidos es un artefacto endogámico, un anacronismo de esos que imperan en instituciones de este corte y perfil. No me preocupa tanto la caspa de esta entidad en particular como las capas de polvo que siguen sin levantarse en tantos y tantos despachos de la antigua administración civil. No sé cómo han arreglado las cuentas con el pasado en otros países, pero sospecho que debe de haber pocos casos tan peculiares como el español, tan excéntrico, a su manera. La misma extrañeza que puedo tener con estas polémicas la comparten miles y miles de conciudadanos de muchas generaciones que no vivieron el tiempo de la Transición, ni la famosa amnistía, ni llegaron a ser coetáneos del dictador. ¿Por eso tienen que tragar con todas estas proyecciones del antiguo régimen? ¿Hasta dónde aquellos contubernios pesan más que el derecho a saber, y a tener en sus manos una historia limpia de manipulaciones? ¿Es tan descabellado pedir que de una vez por toda el ideario de antes de la democracia deje de pesar sobre lo que se hace y se dice aquí y ahora, tanto tiempo después? Dicen que la madurez de un sistema político se mide también por la capacidad de asumir el pasado. Aquí, vicios aparte, los años han demostrado que la puerta de 40 años de dictadura no sólo no se quiso cerrar, sino que por ella salió mucha gente dispuesta a mantenerse en instituciones del Estado. Instituciones como esta academia de pseudo historia, y muchos estamentos más de la administración que siguen proyectando, así, después de décadas, la mirada ambigua sobre los peores años del siglo pasado en este país.


 

1 comentario:

SSB dijo...

Mucha gente sigue confundiendo sentimientos personales con historia real. Y la historia hay que contarla como es. A la gente le molesta remover pero no le molestan las mentiras obvias. Y siempre se apela al sentimiento personal, lo cual es un error (humano, pero error) para evitar la historia completa.