Marcelo Ortega, periodista

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sábado, enero 29

SANTUARIO: HOSTELEROS


Todavía un servidor ha pasado más horas detrás de la barra que detrás del teclado. Llevo la cuenta y pronto la cosa cambiará. Hasta entonces aún puedo decir que soy más camarero que periodista, cosa que me vale para ponerme en las carnes de quienes por estos días y con razón maldicen la prohibición total de fumar dentro de sus locales. La profesión no anda por sus mejores años en la ciudad. Para algunos este rejón será de muerte. En buscar una protesta sonada y general andan los hosteleros albacetenses, aunque hay que reconocer que nunca han sido ejemplo de solidaridad mutua y fraterna. Digámoslo así, una vez que uno abre la puerta tiene que ganarse las habichuelas, y sí, todos tenemos que comer, pero naturalmente uno prefiere poder pagar las facturas y que sea al de enfrente a quien le vaya peor. Ley del mercado, al fin y al cabo. Pero con esto de la protesta pasa parecido a lo que sucede con la crisis. La caída de las ventas, real y verificable, se convierte en un cajón de sastre donde cada cual ahoga sus penas. Créanme, hay muchos bares y restaurantes a quienes les iba muy mal antes del tabaco. Distinguir los negocios afectados de los negocios afectados con amenaza de ruina desde años es difícil. Pero en Albacete existen muchos establecimientos, y eso equivale a menos clientes por cada neón encendido. En cinco años hay un ocho por ciento más de población, y un 11,2% más de bares. De esos bares muchos nacieron con la espina clavada de la inexperiencia -hay gente que cree que un bar es el negocio más fácil del mundo- o la inversión disparatada. Gente que pagaba millones por una licencia. Bares y restaurantes traspasados por una cifra que hacía que los beneficios tardaran años en llegar. Empresarios que se gastaban 120.000 euros en una nueva decoración para un local alquilado, que ni siquiera era suyo. Sí, todas estas cosas ocurren. Algunos de los protagonistas de estas ruinas también hablan de que ha sido la ley del tabaco la culpable de que el proveedor se quede sin cobrar, de que haya un camarero menos tras la barra. Hay casos de todos, pero conviene recordar que los camareros de menos, los proveedores impacientes por cobrar y los negociantes metidos a hosteleros sin saber lo que es poner un cortado existen de mucho antes que la ley. Mal que pese.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 29 de enero de 2011

3 comentarios:

M. dijo...

Me comento a mí mismo: me encanta esta canción de Josele Santiago; qué ganas de que a uno lo echen de un bra otra vez por borracho

SSB dijo...

Cómo echo de menos que me echen de los bares. De hecho lo hacían a menudo.
Por suerte, ahora le doy a las drogas más duras, las que se consumen en el hogar.
Al respecto del artículo, los empresarios del sector distribución confirman todas y cada una de sus palabras.

Luisinho dijo...

tremendo, inmenso... fetén