Marcelo Ortega, periodista

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martes, diciembre 7

LAS RUINAS

Europa se arruina en términos monetarios. La Unión es menos Unión cuando unos tienen y unos no. Pasaron las vacas gordas y aquí estamos, a bofetadas por ver quien se sacude antes a los pobres vecinos de países pobres. La lotería que nos gobierna avisa: estamos en la lista de posibles damnificados de esta debacle tan económicamente psicópata. Así que a seguir por la senda de remojar las barbas, una fórmula que puede dar resultados mejores o peores, pero que mientras tanto arruina también las realidades más cercas. En Italia el tijeretazo se lleva por delante las ruinas romanas, sin que nada importe a sus dirigentes. Hay que cuadrar el presupuesto por encima de consideraciones morales, lo que se traduce en que nada importa si una casa pompeyana se viene abajo, o si se termina cayendo todo el tinglado de la orilla del Vesubio como si fuera un castillo de naipes. Las casas se convierten en polvo frente a la indignación ciudadana y la indiferencia de los políticos, sometidos a la ley del mercado: allí no saben nada de Tiberio. Plinio el Viejo no cotiza. Es una triste metáfora del rumbo que lleva esta Europa a la que tan confortablemente nos llevaron nuestros próceres gobernantes: los signos de la civilización se someten a la oferta y la demanda gracias a aquellos que llamaban a no olvidar las raíces de su Occidente del alma. En aquellos tiempos de albores de la política también se daba mayor importancia a las opiniones del pueblo, pero eso tampoco lo recuerdan estos vendedores de Biblias que dirigen el continente. Como dijera nuestra ministra, de expertos tenemos poco los hijos de vecino, así que mejor no meterse en las cosas de palacio, que ya se encargan ellos. La ministra lo dijo a cuenta del Sáhara Occidental, otra cuestión en la que España hace el ridículo hasta caer en la vergüenza nacional. También en eso la historia más reciente se olvida, se somete a la calculadora y a la renta, poniendo en último lugar los derechos ciudadanos. Mientras se desploman los derechos y libertades como si fueran casa romanas del siglo I, mientras continúa el expolio de los más desfavorecidos, esta Europa que presumía de ilustrada sentencia a la guillotina los últimos restos de democracia. Los políticos ni siquiera se esfuerzan en disimular para quien trabajan.

Publicado en La Tribuna de Albacete el 4/12/20101





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