Marcelo Ortega, periodista

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lunes, julio 26

LOS ATROFIADOS

La deriva fantasiosa del antaño partido socialista y obrero tuvo este jueves otro capítulo en el cumpleaños de los 10 años de Zapatero como secretario general. Al presidente le salen las cuentas. Se ve cómodo en su puesto de capitán de un partido que, según dijo ante su plana mayor, «es el que más se parece a España». Le perdió el entusiasmo al presidente, que tira de lírica y de épica para sostener una imagen pública vitalista y capaz. Yo no creo que un partido pueda o tenga que parecerse al país donde ejerce, porque hay algo de mesianismo en el mensaje, como si quisiera ser el partido elegido para guiar los destinos patrios. Con tanta verborrea, al presidente se le olvidó aterrizar y hacerse cargo de sus propios estigmas: que nunca tuvo una política económica siquiera parecida a «de izquierdas», que no ha practicado renovación alguna sobre los hombres fuertes de su partido, y que no ha querido mirar todavía a los partidos progresistas para conformar ninguna ley crucial del Estado. Mejor que eso, para seguir gobernando, este partido con una ideología agujereada ha seguido blandiendo pactos con derechones catalanes y vascos, mientras ha encajado con gusto o indiferencia las recetas de Europa, las más contrarias al interés ciudadano y el derecho común. Si hace 30 años alguien hubiera propuesto cosas como abaratar el despido desde un púlpito sociata, algunos de los que todavía estaban el jueves ante Zapatero hubieran roto el carné para tomar las de Villadiego. Pero ya no estamos en el 75. Con Zapatero el jueves muchos aplaudían. Unos, porque ése es su trabajo, aplaudir cuando habla el jefe. Otros, porque están convencidos de que es así, de que ya pasó la época de la justicia social y ahora toca gobernar con la mano derecha mientras todavía levantan un puño izquierdo que va camino de atrofiarse. Ese mal traumático de esta parte de la izquierda española tiene consecuencias: Se atrofiarán muchas manos a la hora de alcanzar la urna con la papeleta socialista. A la oposición conservadora le basta con esperar que eso ocurra para ganar. Incluso con escándalos, con corruptos y con orgullo de permitir a los corruptos, al PP le vale para ganar las elecciones. Sólo hace falta que al Zapatero mesiánico le crezca la abstención. Y en eso estamos.



Publicado en La Tribuna de Albacete el 24 de julio de 2010

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