Marcelo Ortega, periodista

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viernes, mayo 8

SANTUARIO: TRES PÁRRAFOS

Leo en prensa que la campaña ‘por la vida’ de la Conferencia Episcopal le va a costar 250.000 euros. Se advierte, aunque lo desconozco, que gracias a que las vallas publicitarias han abaratado mucho el precio de sus tarifas, en tiempos de crisis. No está mal. Completo la noticia con una información de este medio, donde Cáritas advertía de que la petición de ayuda en las parroquias se ha duplicado en los últimos meses. Hay más necesidad, vaya. En crisis, alegan desde la organización cristiana, la recaudación de donativos también es menor. Al fin y al cabo, al contrario que las tarifas de las vallas, una barra de pan sigue valiendo como una barra de pan. El dinero eclesial, sin embargo, irá a luchar contra el «asesinato» del aborto. Cuestión de prioridades, que para eso la pasta la ponen ellos. Las razones y los culpables de la desigualdad no van a estar en ninguna publicidad. Mejor poner carteles por los no nacidos, y que la misericordia ampare a los que ya nacieron sin ningún futuro.
Cada vez que en Internet leo una información sobre Aznar se me activa el AntiSpam. Y mira que cuesta, porque los discursos del ex presidente se camuflan en carcasas distintas, con enunciados que yo nunca hubiera puesto en su boca. Es decir blanco donde el presidente que yo conocí decía negro. El último disparate fue decir que ETA estaba «prácticamente derrotada» en 2004 cuando dejó de ser presidente. Debería explicar el ex cómo fue capaz el «movimiento de liberación» (Aznar dixit), estando prácticamente derrotado, de poner las bombas del 11-M, el mayor atentado terrorista de España, una tesis de la que aún no se ha retirado gran parte de su partido. Perdóname, Señor, que ya no sé a qué verdad irrebatible se apunta José María.
Nuestro gobierno de centroizquierda ocupa las tribunas respondiendo a la oposición, ya sea para defenderse de la tormenta económica o a favor de su política internacional. Más allá de las razones, compartidas o no, grandes palabras, discursos conmovedores si eres capaz de conmoverte con el enésimo argumento repetido día tras día, como escribiera James Ellroy de los discursos en la política norteamericana. También en eso queremos ser más yankis que los yankis.
Publicado en La Tribuna de Albacete el 28/3/2009

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