Marcelo Ortega, periodista

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miércoles, mayo 13

SANTUARIO: EL ZOCO

Hace poco escuchaba en vivo y en directo a un eurodiputado definir las instituciones europeas como un zoco de intereses. Lo suscribo, y además me viene a confirmar que acerté cuando voté no a que la Unión Europea fuera un zoco de intereses. Las posibilidades de que el sujeto político continental sea otra cosa que ese mercado se van acabando, una vez que la República Checa ha entrado al trapo, y una vez que sólo queda una artimaña política para corregir el no que el pueblo irlandés dijo alto y claro. Desde luego, si la idea de democracia que tienen en Bruselas es pasarse el resultado de un referéndum por el arco de triunfo, allá ellos. Me suena esta canción no a unos políticos que repiten sus mismos errores pasados, sino a la voluntad clara de mantener un marco desde el que poder legislar sin los corsés del escenario nacional, que es más próximo, más transparente, y lo que hace el gobierno de turno se sabe. En Bruselas, en cambio, es fácil que un grupo de diputados se reúna con un grupo de empresas con especial interés en que una ley se dicte de tal o cual forma, ignorando que se gobierna para los ciudadanos -creo-, y no para grupos de poder. Grupos de esos que llaman lobbies, y que en mi opinión tienen dudoso encaje en la formulación de una sociedad civil e igualitaria. En cualquier caso, nadie dudará que todas estas maniobras que ocurren a diario en las instituciones europeas pasan desapercibidas para el ciudadano medio, que bastante tiene con soportar a los gobernantes en sus parlamentos y cámaras. Sí, Europa provoca bostezo, sopor, quizá porque quienes la han dirigido en estos años han podido nadar a gusto en el nuevo mar político, alejados de la publicidad a la que se somete la actualidad cercana de cada municipio, de cada región y país. Lejos de ser un aspecto a cambiar, para quienes han confeccionado esta Europa el desinterés de la ciudadanía por sus asuntos es la mejor bendición, la actitud ideal para hacer y deshacer. Ojalá las elecciones del próximo 7 de junio signifiquen un toque de atención a los ingenieros de la UE. Intuyo que una baja participación no será para ellos motivo de preocupación. Acudirán a aquello de «no hemos sabido explicarnos». Es el argumento de siempre cuando la realidad les da la espalda.
Publicado en La Tribuna de Albacete, el 9/5/2009

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